lunes, 16 de diciembre de 2013

El arte cómo expresión del misterio.



Durante siglos, la experiencia artística del hombre, su expresión más “humana” para describir el mundo que le rodea, se ha visto salpicada de representaciones misteriosas. Imágenes de monstruos, seres mitológicos, edificios imposibles o coincidencias que son imposible de justificar cómo lo que pretenden ser, coincidencias.
Una herramienta efectiva para atraer la atención del alumno a la Historia del Arte es indagar en esos misterios que a lo largo de todo un temario iremos encontrándonos. Lo esencial es poder formular un interrogante que les anime a investigar e indagar en estilos, características, escuelas, etc.

Ya vemos inquietantes representaciones del Paleolítico Magdaleniense (17000-10000 a. C.) en el santuario de Tríos Freres, Francia. Un gran ejemplo de antropomorfo que nos evoca a bestias bípedas, animales con rasgos de hombre, cazando y mimetizándose con la escena. ¿Son cazadores o seres fantásticos?. Lo cierto es que nos representa una humanidad que todavía no se ha separado de su lado animal.


La aparición de seres medio humanos medio bestias continuó durante el arte antiguo. Toros alados con cuerpo de hombre en Persépolis (475 a.c) o dioses con cabeza de chacal, cómo en Deir el-Medina en Egipto (XIX Dinastía). Las puertas de Jerjes, de más de 5 metros de altura, están custodiadas por dos seres divinos, grandiosos y terribles, aunque amansados por un gran rey. ¿Cuánto poder puede tener un hombre que domina las bestias de la imaginación?. El poder de un solo hombre podría ponerse en duda, pero no el del Dios de la muerte. Anubis prepara los difuntos para encaminarlos a la muerte. Cualquier faraón temería la imagen de un hombre con cabeza de animal que le espera al final de su vida para llevarle a la orilla desconocida. ¿Verían realmente los egipcios al hombre-chacal con su último aliento?.



Hablamos de monstruos o dioses, pero ¿qué pasa cuando grandes civilizaciones desaparecen en la memoria del tiempo?. Los Minoicos fueron una de las primeras civilizaciones palaciales de la historia (3.000-1.400 a.c), nacida en una isla pequeña y poseedores de una sensibilidad especial para la belleza y el arte. Para Homero, dominadores del mar Egeo, pero no de las fuerzas de la naturaleza. De las excavaciones se deriva que tal vez fue un terremoto acabara con los palacios, encontrando incluso sacrificios humanos en un último intento de contentar a los dioses. ¿Fueron los dioses quienes, ante la osadía del hombre, les castigaron?.


La caída de una gran civilización deja paso a otra mejor y quién bien representa este hecho es la cultura griega. Pero en su visión ideal el hombre, de los dioses, también imagina seres imposibles. Centauros y mujeres haladas, interactuando con seres humanos, luchando en batallas épicas gravadas en piedra por Fidias (Siglos IV-V a.c). Gran detallismo y expresión en seres ¿mitológicos?. Toda la mitología griega está plagada de interacciones entre divinos y mundanos. ¿Reflejaron los griegos a esos hijos de los dioses?


Pero llegaron los romanos, el imperio, la propaganda y en definitiva, las guerras. Los monstruos eran otros y los dioses dejaron libre albedrío a los hombres. Siempre rodeados de misterio, como lo demuestra una simple procesión de victoria dónde podemos encontrar soldados llevando a hombros “La mesa de Salomón” (relieves del arco de Tito, 67-70 d.c.). Una mesa de oro perteneciente al Templo erigido por él heredero al trono del rey David. Una simple mesa para algunos, un emblema de la conexión con Dios para los judíos. Pero, ¿qué importancia tendría para un emperador que no compartía la religión judía?.


Demos un salto de varios siglos y viajemos a la edad media, a una época de edificios singulares, característicos y definitorios de su tiempo, pero a la vez imbuidos de un misterio que hay que saber buscar. En el siglo XIII, la Orden del Temple (los templarios) o la Orden del Santo Sepulcro construyó en Segovia la Iglesia de la Vera Cruz. De influencia oriental, posee una planta poligonal, extrañeza en un estilo con plantas de tres naves. Pero no más extraño que su propio nombre “de la Vera Cruz”. Se cree que los templarios consiguieron traer de tierra santa fragmentos de la cruz dónde Jesucristo fue crucificado. ¿Es posible que en España se encuentren restos de un objeto tan importante para la cristiandad?. 


No quiero abandonar el Románico sin dejar de mencionar a dos obras diferentes en su factura pero semejantes en su fin: los capiteles del Claustro de Silos (siglo XI) y los miniados del Apocalipsis de San Sebero (siglo XI). Atendiendo a los capiteles, en su mayoría hacen referencia a escenas de la vida de Cristo, salvo en algunos que nos describen monstruos alados, seres que acechan al infiel para bajarlo al infierno. La pintura también puede evocarnos a bestias del juicio final. Basándose en los comentarios del Apocalipsis de San Juan, el artista nos revela un fin de los tiempos lleno de ángeles justicieros, lluvias de sangre y un mundo rodeado de un mar de monstruos. ¿Son en ambos casos mensajes doctrinales o visiones de un artista atormentado?.




En siglos posteriores, el significado de la arquitectura religiosa evoluciona, cambia dando un salto de gigante en su complicación y su temática, que aunque sigue priorizando lo religioso, se profundiza en el temor (arte gótico). Construcciones de una ingeniería muy diferente a lo hecho con anterioridad que obedece a unos fines muy concretos: la grandiosidad. Notre Dame, Bamberg o Burgos simbolizan el triunfo del hombre sobre las leyes de Dios para dignificar su gloria. ¿Será Dios el mensajero de tal proeza arquitectónica?. Y la pintura de Del Bosco, una composición repleta de figuras extrañas, monstruosas en algunos casos, que nos conducen de un paraíso a un infierno lleno de horribles visiones. Es como si el autor hubiera viajado a estos lugares y deseara contarnos con sus pinturas aquello que con palabras no pudiera explicar. ¿Fue revelado a Del Bosco el paraíso y el infierno?.


Mientras, en el sur de España, la Alhambra se erige en Granada como una ciudad-fortaleza heredera de la tradición oriental de las viejas civilizaciones. La riqueza de los palacios y la belleza de sus fuentes nos distraen de los jardines, que de forma escalonada, aparecen y desaparecen. ¿El arquitecto se inspiró en los jardines de Babilonia?.


Continuando nuestro paseo histórico y sin pararnos en el Renacimiento, pues no hay que dar rédito a novelas fantásticas que tratan sobre “Giocondas”, el Barroco será para muchos la época del sentimiento, la expresión y la ruptura con las normas clásicas. Un arte diverso y al servicio de la sociedad deseosa de retratar paisajes, personas o santos, aunque otros artistas nos demostraron que en lo cotidiano también hay muerte. Brueghel el viejo nos intimida con su visión del “Triunfo de la muerte” (siglo XVI) en una época de guerras y enfermedades. Los esqueletos arrastran los cuerpos de reyes, obispos y plebeyos. Los ejércitos de la muerte arrinconan con sus escudos a los desesperados, mientras algunos intentan esconderse. La muerte no retrocede, solo puede avanzar. ¿Es esta una premonición del autor frente al horror de la guerra que estaba por llegar?.


Para acabar por este recorrido de mi "libre elección" no podemos dejar de hablar de la “Quinta del sordo”, la casa dónde Goya pintó sus pinturas negras. Viejas, brujas, machos cabríos o aquelarres son las temáticas que más se repiten en sus paredes. Rostros desfigurados que asustarían a cualquier espectador inocente que entrara como una “gallina ciega”. ¿Son visiones reales plasmadas con trazo nervioso o el sueño de su razón?.